
Yogur
El yogur, ese alimento ancestral que siempre está en la nevera y que utilizamos casi a diario por su multitud de beneficios que aporta a nuestros organismos. ¿Pero qué es lo que sabemos? El yogures y la leche están rodeados de mitos, leyendas y supersticiones.
Que el origen se sitúa en Turquía o que también hay quien dice que está en la península balcánica o en Asia Central. Parece que existen pruebas de la elaboración de productos lácteos en culturas de hace 4500 años. Seguramente los primeros yogures debieron ser de fermentación espontánea. Seguramente los nómadas llevaban la leche fresca en sacos generalmente de cabra.
El calor y el contacto con la piel de cabra ayuda a la multiplicación de las bacterias ácidas que fermentan la leche que se convertirá en una masa espesa y coagulada. Una vez consumido el fermento lácteo, se volvía a llenar con más leche que se convertirá nuevamente en leche fermentada gracias a los residuos precedentes.
Cuentan que Genghis Khan, el famoso guerrero mongol del siglo XII daba a su invencible ejército “Kumis” un tipo de leche fermentada alcohólica con sabor parecido a la cerveza, y les servía para adquirir fuerza, resistencia y revigorizar el cuerpo para soportar largos días cabalgando con el caballo. El “Dahi”, como se llama en La India, fue y es considerado un alimento de los dioses. En la antigua Grecia se destacó su efecto beneficioso para los problemas de estómago. O durante el Imperio Romano lo recomendaban contra los males de hígado y tuberculosis, o como depurativo general. Otras historias cuentan que la receta del yogur se la dieron los propios ángeles a Abraham, que adicto al consumo de yogur ya que pensaba que aportaba vigor y longevidad. Lo cierto es que la leche y sus derivados tenían una consideración entre terapéutica y mágica.
En Francia se pensaba que era un alimento milagroso. Es en el s. XX cuando se descubrió que el yogur contenía unas bacterias capaces de convertir el azúcar de la leche en ácido láctico que favorece la absorción de las grasas, que combate las diarreas y el estremecimiento, facilita la asimilación de los nutrientes disminuye el colesterol y reduce los efectos negativos de los antibióticos.
Si los primeros yogures eran elaborados con leche de yegua, algo ácido y gaseoso, hoy en día se elabora con leche de vaca, oveja e incluso de búfala y resisten en la nevera hasta tres semanas.
Pero dejando a un lado la historia de este alimento fuente de nutriente esenciales, cuando son consumidos de una forma regular ayudan a prevenir una multitud de enfermedades:
1. Regula la flora intestinal: Los probióticos que contiene el yogur natural tienen la capacidad de restablecer el equilibrio de la flora intestinal. Todo ello hace que se prevenga el desarrollo de infecciones gastrointestinales y trastornos inflamatorios.
2. Previene la diarrea
3. Controla el colesterol: En primer lugar, sus ácidos naturales regulan la producción de jugos ácidos. De esta manera se reduce el riesgo de padecer trastornos como la gastritis y las úlceras. Además, los cultivos vivos ayudan a frenar la acción negativa de la bacteria H. Pylori. Este es el principal responsable de las infecciones estomacales.
4. Combate las alergias: Las vitaminas y minerales del yogur, en unión con sus probióticos, aumentan la respuesta inmunitaria del cuerpo ante la presencia de agentes que provocan alergias.
5. Previene las infecciones vaginales: Sus cultivos vivos inhiben la proliferación de hongos como la cándida, y disminuyen la secreción de flujos y la comezón.
6. Fortalece la salud ósea: Porque es una fuente significativa de vitamina D, calcio y magnesio que, como sabemos, son los nutrientes esenciales para conservar la densidad ósea. Además, su poder antiinflamatorio disminuye el riesgo de desgaste prematuro.
Antes de terminar, una curiosidad sobre el yogur estilo griego. En Grecia no se llama yogur griego, sino straggisto, lo que significa filtrado. Parece que una marca griega empezó a vender yogures en Estado Unido y en su etiqueta ponía greek strained yogur para hacer referencia al país de origen y al tipo de preparación. La clave de su preparación es filtrar el suero del yogur con lo que tiene más proteínas y menos hidratos de carbono y azucares que el yogur natural. Se necesita más leche para su preparación, tres tazas de leche para producir una taza de yogur estilo griego, por lo que tiene más proteínas y produce una mayor sensación de saciedad.
Debido al proceso de concentración del yogur griego, tiene unas diferencias con el yogur normal:
Tiene más cantidad de proteínas
Tiene mayor cantidad de grasa
Tiene menor cantidad de lactosa y calcio, ya que se ha perdido en el suero.
